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BOOSSOO · 2026 · Obra

La suerte

Donde no está la suerte, no ocurre nada. Donde está, ocurre todo. Quise darle un rostro a ese concepto abstracto y representar, a través de sus elementos, la dirección, las posibilidades y lo que florece en su presencia.

Una mujer de cabello suelto flota sobre una esfera de cristal en un paisaje claro y agrietado. Un dado con el número VII y una rueda de madera levitan sobre sus manos. Una estrella brilla sobre su cabeza; a sus pies, un pequeño terreno verde reúne tréboles, cristales y un cofre cerrado.
La suerte · BOOSSOO, 2026 · 121,92 × 81,28 cm

Donde está la suerte, ocurre todo

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La composición divide la pintura en dos partes. Una es un desierto: tierra vacía, un espacio donde no sucede nada. La otra es el lugar que ocupa la suerte. Quise que esa diferencia se entendiera desde el primer vistazo: donde no está la suerte, no ocurre nada; donde está, ocurre todo.

Por eso dejé tanto espacio vacío y concentré la figura y sus elementos a la derecha. La distancia entre ambos lugares forma parte del significado de la obra. El paisaje muestra la ausencia de la suerte y, al mismo tiempo, lo que cambia con su presencia.

Boceto de composición con una extensa llanura vacía a la izquierda y la figura de la suerte sobre un pequeño terreno fértil a la derecha.
Boceto 09 · La composición separa el desierto del lugar donde está la suerte.

Una figura de ojos verdes que no te mira

Quise personificar un concepto abstracto. Darle a la suerte un cuerpo, un rostro y una presencia que pudiera reunir todos sus elementos en una misma imagen. Esa personificación toma la forma de una mujer suspendida sobre el suelo, con el cabello suelto y los ojos verdes.

Hay una particularidad en su mirada: no te mira. Está presente y controla los elementos que la rodean, mientras que, bajo ella, las cosas germinan y fructifican. Su figura es el centro de esa relación entre el azar, la dirección y la abundancia.

Detalle del rostro de ojos verdes de la personificación de la suerte, con la estrella sobre la cabeza y el dado y la rueda suspendidos sobre sus manos.
Detalle de la obra final · Los ojos verdes y una mirada que no se dirige al espectador.

Una dirección y todas las posibilidades

La estrella que tiene sobre la cabeza señala una dirección. Dentro de la representación de la suerte, hay también una orientación: algo que apunta hacia dónde ir. Por eso la estrella ocupa ese lugar, por encima de la figura, irradiando luz.

Sobre una de sus manos flota un dado dodecaédrico, de doce caras. Representa que todo puede pasar. Sus caras reúnen distintas posibilidades, abiertas al azar. En la versión final, la cara que vemos de frente muestra VII.

Estudio de una estrella de cristal facetado con rayos de luz.
Estudio 10 · La estrella señala la dirección.
Estudio de un dado de doce caras con superficies pentagonales y números romanos.
Estudio 11 · Las doce caras del dado: todo puede pasar.

La rueda siempre está girando

Sobre la otra mano está la rueda de la fortuna. La suerte te puede tocar una vez o varias veces, pero la rueda sigue rodando. Quise representar ese movimiento continuo: la posibilidad de que vuelva a tocarte forma parte del mismo giro.

Trabajé la rueda como un objeto de madera, con sus radios y su eje visibles. Su forma circular hace presente esa idea incluso en una imagen detenida: el movimiento de la fortuna continúa.

Estudio de una rueda de madera con su aro, radios y eje central.
Estudio 12 · La rueda de la fortuna, que siempre está rodando.

Un atisbo del futuro

Debajo de los pies aparece la bola de cristal. Con ella quise representar la capacidad de abstraerse del momento y pensar un poco más allá, en el futuro. También necesitamos una dirección, alguna idea de lo que puede venir.

Ese atisbo del futuro es importante dentro de la obra. La esfera introduce la posibilidad de mirar más lejos, de imaginar lo que todavía no ha ocurrido, junto a los elementos que representan el azar y su movimiento.

Lo que florece en su presencia

En el montículo bajo la figura crecen las hierbas y los tréboles. Allí están también las piedras preciosas, los cristales y el cofre del tesoro. Todo se concentra en ese pequeño terreno porque representa el lugar donde está la suerte: en su presencia, las cosas germinan, florecen y dan fruto.

Detalle de la bola de cristal y el montículo fértil con tréboles, piedras preciosas, cristales luminosos y un cofre, rodeado de tierra desértica.
Detalle de la obra final · La bola de cristal y el lugar donde las cosas florecen.

Ese montículo devuelve la mirada al contraste de toda la composición. El desierto permanece vacío a su alrededor; junto a la suerte aparece la vida y se reúne la abundancia. Es la misma idea que recorre la pintura, desde el espacio más amplio hasta sus detalles más pequeños.

Estudio de la hierba con tréboles, un cofre cerrado y minerales.
Estudio 13 · La abundancia concentrada en un pequeño terreno.

De la idea a la imagen

Para construir esta representación reuní referencias de Durero, Burne-Jones, Salvator Rosa y Pamela Colman Smith. Después fui desarrollando los bocetos y los estudios de cada elemento. Desde la primera composición estaban la figura, la estrella, el dado, la rueda y la esfera; la hierba y el tesoro se incorporaron durante las siguientes revisiones.

Primer boceto de La suerte: la figura flotante, la estrella, el dado, la rueda y la esfera en una llanura vacía.
Boceto 01 · La primera forma de reunir los elementos.

Trabajé la obra con herramientas de generación de imagen asistidas por IA, comparando versiones y volviendo a los bocetos cuando era necesario. Busqué un tratamiento pictórico cercano a Velázquez, con pinceladas visibles, piel natural y telas claras con volumen. Fui afinando las proporciones, el dado, la madera de la rueda y los ojos verdes.

Primera versión en color de La suerte, realizada a partir de los bocetos y los estudios de sus elementos.
Versión 14 · De los bocetos a la primera pintura en color.

Al final reforcé la luz de la estrella y los destellos de los cristales, conservé el formato horizontal y añadí mi firma en la esquina inferior derecha. Todo ese recorrido tenía un mismo propósito: dar una representación visual a la suerte, hacer que ese concepto abstracto tuviera una presencia y que cada elemento contara una parte de su significado.

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