Donde está la suerte, ocurre todo
La composición divide la pintura en dos partes. Una es un desierto: tierra vacía, un espacio donde no sucede nada. La otra es el lugar que ocupa la suerte. Quise que esa diferencia se entendiera desde el primer vistazo: donde no está la suerte, no ocurre nada; donde está, ocurre todo.
Por eso dejé tanto espacio vacío y concentré la figura y sus elementos a la derecha. La distancia entre ambos lugares forma parte del significado de la obra. El paisaje muestra la ausencia de la suerte y, al mismo tiempo, lo que cambia con su presencia.

Una figura de ojos verdes que no te mira
Quise personificar un concepto abstracto. Darle a la suerte un cuerpo, un rostro y una presencia que pudiera reunir todos sus elementos en una misma imagen. Esa personificación toma la forma de una mujer suspendida sobre el suelo, con el cabello suelto y los ojos verdes.
Hay una particularidad en su mirada: no te mira. Está presente y controla los elementos que la rodean, mientras que, bajo ella, las cosas germinan y fructifican. Su figura es el centro de esa relación entre el azar, la dirección y la abundancia.

Una dirección y todas las posibilidades
La estrella que tiene sobre la cabeza señala una dirección. Dentro de la representación de la suerte, hay también una orientación: algo que apunta hacia dónde ir. Por eso la estrella ocupa ese lugar, por encima de la figura, irradiando luz.
Sobre una de sus manos flota un dado dodecaédrico, de doce caras. Representa que todo puede pasar. Sus caras reúnen distintas posibilidades, abiertas al azar. En la versión final, la cara que vemos de frente muestra VII.


La rueda siempre está girando
Sobre la otra mano está la rueda de la fortuna. La suerte te puede tocar una vez o varias veces, pero la rueda sigue rodando. Quise representar ese movimiento continuo: la posibilidad de que vuelva a tocarte forma parte del mismo giro.
Trabajé la rueda como un objeto de madera, con sus radios y su eje visibles. Su forma circular hace presente esa idea incluso en una imagen detenida: el movimiento de la fortuna continúa.

Un atisbo del futuro
Debajo de los pies aparece la bola de cristal. Con ella quise representar la capacidad de abstraerse del momento y pensar un poco más allá, en el futuro. También necesitamos una dirección, alguna idea de lo que puede venir.
Ese atisbo del futuro es importante dentro de la obra. La esfera introduce la posibilidad de mirar más lejos, de imaginar lo que todavía no ha ocurrido, junto a los elementos que representan el azar y su movimiento.
Lo que florece en su presencia
En el montículo bajo la figura crecen las hierbas y los tréboles. Allí están también las piedras preciosas, los cristales y el cofre del tesoro. Todo se concentra en ese pequeño terreno porque representa el lugar donde está la suerte: en su presencia, las cosas germinan, florecen y dan fruto.

Ese montículo devuelve la mirada al contraste de toda la composición. El desierto permanece vacío a su alrededor; junto a la suerte aparece la vida y se reúne la abundancia. Es la misma idea que recorre la pintura, desde el espacio más amplio hasta sus detalles más pequeños.

De la idea a la imagen
Para construir esta representación reuní referencias de Durero, Burne-Jones, Salvator Rosa y Pamela Colman Smith. Después fui desarrollando los bocetos y los estudios de cada elemento. Desde la primera composición estaban la figura, la estrella, el dado, la rueda y la esfera; la hierba y el tesoro se incorporaron durante las siguientes revisiones.

Trabajé la obra con herramientas de generación de imagen asistidas por IA, comparando versiones y volviendo a los bocetos cuando era necesario. Busqué un tratamiento pictórico cercano a Velázquez, con pinceladas visibles, piel natural y telas claras con volumen. Fui afinando las proporciones, el dado, la madera de la rueda y los ojos verdes.

Al final reforcé la luz de la estrella y los destellos de los cristales, conservé el formato horizontal y añadí mi firma en la esquina inferior derecha. Todo ese recorrido tenía un mismo propósito: dar una representación visual a la suerte, hacer que ese concepto abstracto tuviera una presencia y que cada elemento contara una parte de su significado.
