Una idea que llevaba tiempo esperando
Llevaba tiempo queriendo explorar las artes plásticas, pero siempre lo iba dejando para después. A veces faltaban los materiales; otras, el tiempo o las ganas de empezar. Cuando finalmente me puse a trabajar, elegí la historia de Sansón y Dalila. Este video recoge ese recorrido, desde las primeras referencias hasta los detalles que fui afinando.
Antes de encontrar mi propia escena, me detuve a mirar la obra de otros pintores. Estudié distintos estilos y encontré referencias en Velázquez, Goya y, especialmente, Zurbarán. Me atraía la forma de disponer las figuras y de hacerlas aparecer en la oscuridad. Con esas imágenes en mente, empecé los bocetos.
Elegir el instante
Al principio dibujé el momento en que le cortan el cabello a Sansón. La acción estaba ahí, pero al volver sobre los bocetos fui cambiando la escena hasta situarla un poco más tarde: el corte ya ha terminado, el hombre se marcha y Sansón todavía duerme.


Ese desplazamiento dio forma a la historia que quería contar. El hombre sale por la puerta con las tijeras en una mano y el cabello en la otra. Deja atrás la cama, donde Sansón sigue descansando sin saber que ha perdido su fuerza. Al otro extremo de la habitación, Dalila también se dispone a irse.

Tres personajes, tres espacios
Con ese instante elegido, tuve que encontrar un lugar para cada personaje. Volví a los bocetos y organicé la habitación alrededor de dos columnas. Así aparecieron tres espacios: la puerta por la que sale el hombre, la cama de Sansón y el rincón de Dalila. Esa composición clásica me ayudó a separar sus gestos sin perder la relación entre ellos.


En el centro, sin embargo, el cuerpo de Sansón todavía no se veía natural. Estudié cómo descansa una persona sobre una cama en esa posición y fui corrigiendo las proporciones. Necesitaba que el cuerpo tuviera peso, que el brazo y la pierna cayeran con la tranquilidad de alguien que no sospecha nada. Después continué afinando el cabello, la barba, las manos y las tijeras.


Dejar que las velas cuenten la escena
A medida que la composición tomaba forma, regresé a la luz que me había interesado en mis referencias. Quería una habitación oscura, iluminada por velas, en la que las figuras siguieran siendo legibles. Fui ajustando el aspecto de la obra mientras revisaba los bocetos y sus detalles.
Junto a la cama, las velas iluminan la jarra y parte de las telas. La luz permite reconocer el cuerpo de Sansón y seguir la escena hacia los otros dos personajes. Busqué conservar esa penumbra sin perder sus expresiones ni los objetos que explican lo que acaba de ocurrir.

Lo que queda en el rostro de Dalila
Con la habitación y los personajes definidos, quedaba un detalle que quería hacer visible: la lágrima de Dalila. En mi interpretación, se marcha arrepentida. Su expresión introduce algo que Sansón aún desconoce; ella comprende la traición mientras él permanece dormido.

Ahí se reúne todo lo que fui buscando en los bocetos. Las tijeras y el cabello cuentan lo que ha sucedido. El cuerpo dormido muestra a quien todavía no lo sabe. Y la lágrima de Dalila deja ver lo que siente al alejarse. La escena se queda suspendida en ese instante, antes de que Sansón despierte.
