La Edad de Oro como punto de partida
Antes de empezar los bocetos, reuní distintas representaciones de Saturno. Me detuve en un fresco romano, en imágenes de la Edad de Oro, en las ruinas del templo de Saturno en Roma y en la carta de El Mundo del tarot. Cada referencia me ofrecía algo para construir la escena: una figura central, un lugar y una serie de elementos que quería reunir a su alrededor.
De la Edad de Oro me interesaba esa imagen de bienestar: las personas están felices, bailan, los árboles tienen frutos y los animales conviven sin agresividad. Esa era la atmósfera que quería llevar a mi obra. La abundancia tenía que sentirse tanto en el paisaje como en la manera en que las personas se relacionan.
Encontrar un lugar para Saturno
En el primer boceto, el templo ocupaba buena parte de la composición. Saturno aparecía en el centro, con las personas a su alrededor y algunos elementos tomados de El Mundo. Desde ese momento había una estructura que quería conservar: el dios en medio y la vida desplegándose a ambos lados.


Después convertí el templo en ruinas. Sin embargo, el ángulo todavía no me convencía. Subí el punto de vista para que se pudieran ver mejor todos los elementos y para disponer los grupos de personas dentro de un espacio más abierto. Las ruinas pasaron a acompañar la escena y dejaron más lugar al paisaje.

También incorporé dos árboles para dar simetría a la composición. Al revisar los primeros, sentí que no encajaban con el entorno de Roma y Grecia que estaba tomando como referencia, así que los cambié. Fui ajustando ese escenario antes de detenerme en lo que iba a hacer cada grupo.

Las cuatro estaciones en una misma escena
Quería que el paso del tiempo estuviera presente desde el principio. Por eso reuní la primavera, el verano, el otoño y el invierno en el cielo y en el paisaje. Las estaciones forman parte de la misma composición: la vegetación, la luz y las montañas van mostrando esos cambios.
Saturno permanece en el centro mientras ese ciclo se extiende a su alrededor. La escena reúne la tranquilidad de la Edad de Oro con el paso del tiempo, dos ideas que quería mantener juntas durante todo el proceso.
Ocho maneras de vivir la Edad de Oro
Al mirar las primeras versiones, las personas me parecían demasiado similares. Quería que cada grupo representara algo distinto. Hice estudios separados para la alegría, la generosidad, la confianza, la sabiduría, la concordia, la abundancia, la armonía y el descanso.
La alegría tomó la forma de cuatro personas que bailan. Para la generosidad trabajé el gesto de compartir frutos; para la confianza, una pareja que se acerca con las manos abiertas. En la sabiduría aparece un intercambio entre una mujer que sostiene una ramita y un hombre mayor.




La concordia está en una pareja que se toma de la mano. La abundancia aparece en los frutos que se ofrecen; la armonía, en dos personas que hacen música juntas. Para el descanso, reuní cuatro cuerpos recostados, próximos unos a otros, con una actitud tranquila.




Después llevé esos estudios a la composición. Quería que se reconocieran las distintas acciones y que, al mismo tiempo, todas pertenecieran al mismo lugar. Saturno sigue siendo la figura central, pero alrededor hay pequeñas escenas que permiten detener la mirada y descubrir cómo se vive en esa Edad de Oro.
Los elementos de El Mundo
De la carta de El Mundo tomé el ángel, el águila, el toro y el león. Los incorporé a mi representación de Saturno junto a los grupos de personas. El ángel y el águila ocupan la parte alta; el toro y el león acompañan al dios sobre la tierra.

También trabajé los dos bastones que Saturno sostiene en las manos. Fui refinando su forma y su posición a medida que la obra avanzaba. Estos elementos del tarot forman parte de mi lectura de Saturno y de la manera en que quise reunir las referencias en una sola imagen.
La luz del sol y la penumbra
Con los elementos colocados, seguí trabajando el color y la iluminación. Quería que el sol se viera y que sus rayos alcanzaran partes concretas de la escena. Otras zonas debían permanecer en penumbra. Ese contraste era una parte importante de la atmósfera que estaba buscando.
Probé distintas versiones hasta acercarme a esa relación entre la luz dorada y las zonas oscuras. Los rayos atraviesan el paisaje y hacen aparecer los cuerpos, mientras las ruinas y parte del suelo quedan en sombra. La luz une a Saturno con el mundo que lo rodea y permite recorrer la escena sin que todo tenga la misma intensidad.

Un lugar donde se puede descansar
Elegí a Saturno porque quería representar la abundancia y esa atmósfera relajada de la Edad de Oro. En la obra no hay agresión ni guerra. Hay personas que comparten lo que tienen, que se escuchan, que bailan y que descansan. Mientras las estaciones hacen visible el paso del tiempo, esos gestos le dan forma a la vida que quise imaginar.
